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ORATORIOS Y ERMITAS DE ONTINYENT

ya engullidas por la expansión de la ciudad, como ésa que da nombre al barrio de la calle San Antonio (la “Ermiteta”). Y hay también oratorios contiguos a las grandes mansiones (Borrás, la Baronía, la Clariana…), que a su entorno concentran todavía, o concentraron antes, a los vecinos del campo y los chalets que acudían o acuden a la misa, a la escuela, al catecismo rural. Hay también santuarios casi al fondo del barranco, como sucede en Las Aguas, y casilicios o cruces de piedra que se adosan al cauce serpentino del río Clariano, como la Virgen de Agres en el “Camí dels Carros”, como la Cruz del lavadero de la Canterería. Toda la variada geografía participa en tan popular consagración. Vivas son las ermitas, o aún al menos muchas de ellas siguen siendo vivas, porque están visitadas, a menudo, en privada peregrinación o en romería colectiva, tumultuosa o festiva. Algunas dan lugar a la celebración del matrimonio; y son también a veces el término final del piadoso ejercicio del Viacrucis, cuyas casetas ascienden por sus cuestas o se extienden en medio de su cercano horizonte. Y todas las ermitas son, sin duda, las flores mas lindas de este hermoso valle. Flores henchidas del alma de sus gentes que, entorno a ellas o dentro de sus muros, encuentran a Dios, que por Cristo, por María y por los santos, les llama y les ayuda en el camino de la vida. Deseamos, por tanto, al lector (que también será sin duda espectador de sus bellas estampas fotográficas) que, cuando entre en este libro, disfrute al conocer ese espíritu cristiano, añejo y perviviente, que es el alma del pueblo de Ontinyent. 3 Gonzalo Gironés Guillem.


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