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ORATORIOS Y ERMITAS DE ONTINYENT

Pego y Ontinyent, y el linaje de dicha familia, a partir de entonces se entronca con la nobleza local, hasta los años 30 de nuestro siglo, por la muerte de D. Rafael Puig González. A partir de entonces, la casa toma el nombre de su esposa Dña. Elena Velázquez, y, al morir su señora sin descendencia, heredan las propiedades del matrimonio la familia Velázquez. La evolución arquitectónica de la casa denota la buena mesura de las residencias de estilo eclecticista, como correspondería a la sociedad adinerada de finales del siglo pasado. Al ser adquirida la finca por el Ayuntamiento para dar digno alojamiento al Archivo Histórico de Ontinyent y a la Biblioteca Municipal, se tuvo que restaurar el edificio, siendo un acierto restablecer de nuevo el oratorio que, por efectos de la Guerra Civil y el paso del tiempo, estaba bastante deteriorado. El magnífico trabajo de restauración del oratorio, buscando siempre la máxima fidelidad con su forma original, fue obra de los restauradores Soledad Gutiérrez González y Vicente L. Galbis Giner. Oratorio privado: La primera referencia que se tiene de la existencia de un oratorio se halló en el testamento que D. José Puig (1.788), hizo de la residencia mortuoria de su casa, en la entonces llamada calle Pallarés, luego Príncipe y ahora Tomás Valls, donde se hace referencia a ornamentos litúrgicos, libros, etc. Fue ejecutado por Santiago Esteve León, natural de Villena, se realizó en 1.897 y se doró en 1.898. El estilo del oratorio es el propio de la sociedad conservadora de finales del siglo XIX. Parace ser que tuvo advocación mariana, desconociéndose la dedicación por haberse destruido las imágenes durante la Guerra Civil. Actualmente, en el centro del altar, hay colocada una pequeña imagen de plata perteneciente a la Purísima Concepción, patrona de Ontinyent. 35 . Casa Velásquez. Blasón de los Puig en el ángulo derecho del edificio.


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