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ORATORIOS Y ERMITAS DE ONTINYENT

ORATORIOS Y ERMITAS DE ONTINYENT. He aquí, ante los ojos, entre las manos, otro asedio amoroso a la historia popular. Esta vez el amor, siempre alto, suma cronista, pueblo y fe en avance por la memoria: el primero, anda, escruta, descubre, fotografía y finalmente dice para enamorar; el pueblo es aquí cuerpo, es decir, tiempo, espacio y construcción en ellos de un ámbito que habitó la fe, alma dadora de vida al hombre y su paisaje. Oratorios: huecos humanos para aproximarse a Dios en el cerco bullicioso de la cotidianidad, del descanso y la fiesta; y ermitas, con cerco bien distinto: el de la soledad y el silencio para propiciar la llegada de Dios a nosotros. El cronista ha hecho un recorrido circular a Ontinyent tomando los puntos cardinales con nomenclatura local y llana: oratorios del Pla, de la Solana, de la Umbría, los de la misma población; y las ermitas todas, en su voltario esparcimiento. Ante el hallazgo de lo que permanece, goza; frente a lo destruido, se apena. Nos da a entender que la duración es todavía signo de un espíritu que pervive, como lo perdido una lástima más de nuestra condición. Y es entonces cuando fotografía lo aún elevado y los residuos, para darnos varia lección de historia. En sus magníficas estampas se dice todo; los escritos apuntalan, mediante anécdotas y recuerdos junto a datos precisos e incluso notariales, el material objeto de los ojos. La garantía gráfica, nada traidora en esta traducción y tracción hacia nuestro presente del pasado, conlleva el calor de la autoría, el afecto del andariego descriptor, Rafael Bernabeu Galbis, quien nos ha querido mostrar en su trabajo la veracidad objetiva - sin menoscabo por su excelente tratamiento estético - que los hechos por sí mismos ofrecen y las nostalgias que en el propio autor se originan y, que, sin duda, a no pocos amantes de Ontinyent contagiará. Otra cosa será, además, cierta y concertada con el expreso deseo que manifiesta en la introducción de facilitar con su libro el mejor conocimiento de la historia del pueblo, y es su condición de primer vademécum para recorridos de propósitos variados, pues si sirve de guía al estudioso, también le será útil al curioso de lo local, y, por qué no, a los turistas, siempre que no crezcan los impedimentos con que topó nuestro amigo cronista, y más bien crezca en dueños o responsables y amigos de las tradiciones el sano empeño de conservar, restaurar en su caso y ofrecer al interés público los vestigios de un momento de la cultura que, porque pasó, no se puede asolar. No sería así poco el logro de esa obra, con la que vuelve a enriquecer nuestro amigo el acerbo de lo publicado sobre temas de nuestra tierra. José Mª Royo Mendaza 248


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