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ORATORIOS Y ERMITAS DE ONTINYENT

En el inventario aludido hay otra partida que dice:   “Casa Beneficencia en construcción:  mide una superficie de quinientos cuarenta y ocho metros, cincuenta decímetros cuadrados, consta de piso bajo, principal, segundo y desván, distribuidos el piso bajo en zaguán, escuela pública, otra para los asilados, comedor, guizador, cocina, patio, horno, local para oficios, lavandería; el piso principal de dos salas para dormitorios de asilados, otra para las Hermanas, salas de recibo, otra de juntas, otra de labor, dos roperos, planchador y una galería que circunvala el patio; el piso segundo dos salas de dormitorios de asilados, otra de Hermanas pasantes, dos dispensas, otra sala de labor, y dos cuartos dormitorios para enfermos; y por último los desvanes que se están distribuyendo. No tiene censos ni otra carga alguna. Su valor aproximado en venta consta en la casilla correspondiente. Está situada en la calle del Mirador y linda por Norte y Oeste con la calle Cruzadas, por el Norte con casa de Vicente Torró Reig y por el Sur con la calle del Mirador. Este establecimiento comparte con el Hospital la subvención de quinientas pesetas que dan los fondos municipales y se sostiene de la caridad pública, no producen renta alguna. Sus condiciones higiénicas son muy buenas. Tiene cincuenta asilados por término medio y son asistidos por seis Hermanas de la Caridad y por los mismos médicos titulares. Valor del edificio, estimado en 22.500 pesetas”. El prestigioso jurista Miguel Osca Guerau fue protector de esta institución, cedió un edificio de su propiedad para que se instalara el Santo Hospital. A su muerte en 1874 dejó una importante cantidad en bienes para financiar la construcción de nueva planta de esta institución benéfica. Aquí es donde se enjugaron muchas lágrimas y fueron amparados muchos desvalidos. Al penetrar en el patio o claustro nos recuerdan unos versos: "De que sirve la opulencia sin el placer soberano de abrir la pródiga mano para aliviar la indigencia de nuestro doliente hermano?" Y es que la caridad es la generosidad en el silencio. San Vicente de Paúl obligaba a sus asociados a tomar resoluciones cada vez más concretas y prácticas como fruto de sus oraciones. “Démonos a Dios, repetía, para que él nos conceda la gracia de darnos al prójimo.” Si importante es orar ante un Santo, mucho más lo es orar con la vida, pues trabajar bien es una oración y una liturgia permanente. Trabajar bien con plenitud, orar con plenitud. Esta es la meta de la Institución de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl. Una capilla de la Milagrosa, propiedad del Santo Hospital Beneficencia, es solicitada por personas devotas en momentos de enfermedades contratiempos o 22


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