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ORATORIOS Y ERMITAS DE ONTINYENT

Mientras se realizaron las obras, desde septiembre de 1981 a febrero de 1982, la venerada imagen del Cristo permaneció en la parroquia de San Carlos y, terminadas las mismas, el 28 de febrero de 1982 fue devuelta procesionalmente El Ayuntamiento de Ontinyent en fecha 31 de agosto de 1982 contestó a la instancia en solicitud de una subvención presentada por el Tesorero-Contador Enrique Turégano Ivanco, diciendo lo siguiente: “que este Ayuntamiento está dispuesto a otorgar una subvención como ayuda a la reconstrucción de la Ermita de Santa Ana, si bien de momento no puede determinarse la cantidad exacta a que ascenderá la misma.” Este acuerdo estuvo tomado con los votos favorables de los señores: Mollá, Tortosa, Vilar Navarro, Gironés Muñoz, Moll Allés, Rovira Sanz, Sanchis Espí, Penadés Bernabeu y con la abstención del Sr. Herrero Más, que alegó que: las obras habían empezado sin licencia. Un olvido de este requisito por parte del presidente Roberto Coll Esteve, llevado por su mejor voluntad de ver terminada en el menor plazo posible la reparación de Santa Ana. La blanca fachada de la ermita esta rematada por una cruz de brazos lobulados, bajo de la misma una hornacina con una imagen de la Purísima. Se accede mediante una amplia escalera. A ambos lados se encuentran los dos casilicios, que corresponden últimas estaciones del Viacrucis y, a mano derecha un balconcito, que en las solemnidades hace las veces de púlpito. Santa Ana es el santuario donde se halla la venerada Imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, Patrono de Ontinyent, a ella, fruto de la piedad y devoción acuden multitud de devotos en demanda de protección divina. En su honor, se celebran anualmente las centenarias fiestas de Moros y Cristianos. Acto importante a destacar, de estas fiestas es el día de la bajada de la imagen a la población. A la puesta del Sol, en una tarde calurosa de agosto, después de simular una incruenta batalla entre los ejércitos Moro y Cristiano, la venerada imagen del Cristo a hombros de los “anderos”, es llevada procesionalmente a la parroquia de San Carlos, donde permanece quince días. Durante este recorrido, el sonido los arcabuces de los festeros y las marchas fúnebres de la procesión, dan un ambiente muy especial todo unido al fervor de los devotos y festeros que acuden a este piadoso acto. Al referirnos al traslado o bajada del Cristo, no podemos dejar pasar el suceso acaecido durante las fiestas de 1933. Transcribimos literalmente la noticia dada por “La Paz Cristiana” del 31 Agosto del mismo año, que dice: “Se han celebrado las fiestas del Santísimo Cristo de la Agonía y las de Moros y Cristianos. En apretado trance nos vemos para poder juzgar los hechos acaecidos durante estos días amargos para los verdaderos católicos, pues habiendo de tomar datos del rumor popular y estando en tiempos de desaprensión moral, reina tanto la mentira que muchas veces, dudamos hasta de lo que hemos visto. Si no tuviéremos otra prueba de la divinidad de la moral católica nos bastaría el ver que, donde ella se eclipsa, la mentira y confusión son el ambiente de la sociedad. Sin juzgar, pues, daremos una breve idea de lo acaecido. 221


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