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ICONOGRAFÍA MARIANA

Juan Mey, de origen flamenco, se estableció igualmente en Valencia. Tanto él como su hijo Pedro Patricio utilizan marcas tipográficas derivadas de los Platin de Amberes. En el siglo XV el cambio de mentalidad se manifiesta en la iconografía del libro, que igualmente se repite en el XVI, cuando Valencia ejerce una fuerte atracción de la que puede ser un ejemplo junto con los impresores alemanes y franceses. Durante el primer tercio del siglo XVII, se mantiene el uso de los grabados. A partir de esta época, aparecen las consiguientes etapas estilísticas debidas a los progresos técnicos y estructurales, representativas de las preocupaciones artísticas, hasta la llegada del siglo XVII o XVIII en que se sitúa la presente colección de grabados. En 1749 reinando Felipe V fue fundada en Madrid la Real Academia de San Fernando, desde un principio denominada de las tres nobles artes, que fue desde un principio patrocinadora de la enseñanza del grabado, nombrándose grabadores, con títulos concedidos por la Real Academia de San Carlos, a Juan Bernabé, Palomino y Tomás Francisco Prieto; también puede citarse entre otros, el grabador valenciano Fidel Roca, nacido en 1779. Valencia funda en 1768 la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos continuadora de la Academia de Bellas Artes de Santa Bárbara, institución ésta, dedicada a la enseñanza de las artes. Fue inaugurada el 7 de febrero de 1753 sobre la base de la de San Fernando de Madrid, por iniciativa de los hermanos Vergara, que anteriormente habían organizado una escuela en su taller de la calle de las Barcas. Se la denominó Santa Bárbara en honor de Bárbara de Braganza, esposa del rey Fernando VI. El Ayuntamiento cedió varias salas de la Universidad Literaria para la instalación de la entidad, que en 1762 logrará el apoyo real, materializado en una subvención de 30.000 reales. Tuvo una vida corta ya que en 1768 desapareció para dar paso a la Real Academia de San Carlos. El desarrollo que adquirió la Academia de San Fernando de Madrid en el reinado de Carlos III y las ventajas que consiguió del Estado, instó a los académicos de la Academia de Santa Bárbara a emprender una organización que se ajustase a los moldes de aquella y después una Real Pragmática, de Carlos III, dada en El Pardo el 14 de febrero de 1768, sancionaba los nuevos estatutos para la de Valencia, con el título de Real Academia de Nobles Artes de San Carlos, dotándola además con rentas propias. En virtud de ello se organizaban


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