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ICONOGRAFÍA MARIANA

Las primeras xilografías valencianas están basadas en dibujos extranjeros, y sólo a finales del siglo XVI, surge algo parecido en estilo propio, de carácter marcadamente alemán, aunque el desconocido grabador pudo ser valenciano. Las estampas piadosas acompañadas de oraciones se adecuaban perfectamente al culto de las indulgencias y se multiplicaron en aquélla época, contribuyendo a la expansión de los grabados. Nacen en el siglo XV los “naiperos”, grabadores que editaron cartas de juego. En la página 9 de LA HISTORIA DEL GRABADO EN VALENCIA, de Vicente Ferran Salvador, publicada en 1943, aparece en nota marginal, que por tratarse de un dato curioso perteneciente a nuestro querido pueblo Ontinyent, se reproduce: “En la ciudad de Onteniente, en el mes de noviembre de 1884, y con ocasión de verificarse el derribo de una casa, fueron encontrados dentro de una vasija de barro, una baraja, de la cual, por efecto de la humedad, sólo se han podido aprovechar dieciocho de las cartas los cuatro reyes, los caballos de oros, espadas y bastos, las sotas de oros y espadas, los ases de copas, espadas y bastos, los cuatro doses y los cuatro de oros y copas. Estas cartas utilizadas sin duda alguna para el juego, son los documentos demostrativos de la existencia de la fabricación de naipes en Valencia, puesto que en la que representa el dos de espadas aparece la data de Fábrica de Valencia, y en la del dos de bastos Any MDCXXX, teniendo además la particularidad de que la correspondiente al dos de oros, en el superior aparece el escudo de Valencia invertido”. La imaginería anónima primeramente se produce y difunde principalmente en los monasterios y después en los talleres artesanos, afiliados a las cofradías de carpinteros o ebanistas. Estas asociaciones se desarrollaron para protegerse mutuamente en aquel tenebroso mundo lleno de desastres, muertes prematuras, guerras, etc. Debemos destacar algunos grabadores valencianos del siglo XV como Diego Gumiel, impresor natural de la provincia de Burgos que a finales del mil cuatrocientos, después de pasar por Barcelona, Gerona y Valladolid, se instala definitivamente en Valencia donde debió morir en torno a 1519. Otro impresor, éste francés, afincado en Valencia desde finales del XV es Juan Joffre, cuyo fallecimiento se data en 1530, a él le sucedió Díaz Romano que tomó posesión de parte del material que allí se encontraba y ocupó la imprenta “Al molí de la Rovella”.


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