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ICONOGRAFÍA MARIANA

cuartilla, sin texto, que contenía cincuenta y siete grabados con símbolos marianos, los que tanto había buscado. Los grabados son originales de Jos. et Joannes Klauber. Alguien se encargó de recortarlos de otra publicación anterior, pegándolos cuidadosamente y encuadernándolos. Creo poder decir que, para mí, este libro es una joya bibliográfica. El tamaño de los grabados es bastante reducido, no pasa de una octavilla. Escaneados, habiendo sido limpiados previamente por medio de un profesional en informática, - el paso del tiempo había reducido su calidad - conseguimos ampliarlos, quedando, por efecto de la técnica, en una muy buena colección de grabados, que han servido para el estudio de mis trabajos, en los que he puesto toda mi ilusión y el deseo de muchos años. Con los permisos previos de los Padres Mercedarios del Real Monasterio de Nuestra Señora del Puig, propietarios de la colección, he querido lanzar esta publicación para solaz y esparcimiento de curiosos y estudiosos, pues hubiera sido un acto de usura, fuera de mis principios, guardarlos para mi visión particular. He querido darlos a conocer, pues siempre he estado dispuesto a colaborar, y dentro de mis limitaciones, tanto para exaltar los valores históricos y artísticos así como los religiosos, valores que la historia nos ha dejado a través de los siglos, a los cuales me creo en el deber, con la ayuda de los mejores medios técnicos informáticos, de darles mayor proyección. Dicho todo esto, quisiera tener la inspiración necesaria y el acierto preciso para lanzar una publicación interesante y agradable, más tratándose de temas concernientes a la Virgen María, después de Jesucristo, la figura más pura de la Iglesia y muy querida desde tiempos inmemorables en nuestro pueblo de Ontinyent. Para mí están vivas todavía las intensas emociones experimentadas en aquellos actos marianos, previos a la Coronación Pontificia de la Inmaculada Concepción de Ontinyent, nuestra “Purissimeta de plata”, en 1954. Muchos de los personajes artífices de aquellos aconteceres, ya no están entre nosotros y les debemos un respeto, pues hay que recordar que nuestro pueblo, gracias a nuestros antepasados, lejanos o próximos, nos legaron un patrimonio espiritual, un amor a la Inmaculada Concepción de María, que debemos conservar e incrementar. Al cumplirse los cincuenta años de la Coronación Pontificia de la Inmaculada de Ontinyent creo que es el momento de ensalzar este acontecimiento. Dentro de mis posibilidades ofrezco este modesto trabajo para contribuir a esta efemérides de las Bodas de Oro, que en mi juventud viví.


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