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LOS ESCUDOS NOBILIARIOS DE ONTINYENT

A los símbolos de los pueblos conviene otorgarles la importancia que merecen y es muy comprensible, en muchas ocasiones, el esfuerzo de las autoridades locales por conseguir su utilización y su respeto en los actos sociales y religiosos. Las actuales normas gubernativas prohíben la ostentación de las banderas de los pueblos y fue Carlos III quien lo hizo, pretendiendo juiciosamente dar orden y concierto a la gran abundancia y confusión de enseñas, pabellones, guiones, pendones y estandartes de los antiguos reinos, regiones, provincias, ciudades, señoríos, casas nobles, corporaciones, armas y regimientos que proliferaban en el ámbito nacional. Aunque algunas poblaciones tienen reconocida oficialmente su bandera, los escudos son los distintivos preceptivos y deben tenerlos reconocidos oficialmente. Las actuales normas gubernativas mantienen un discreto consentimiento en la ostentación de banderas en los pueblos que las tienen reconocidas. Este grupo de escudos permaneció en la fachada del antiguo ayuntamiento desde su construcción en 1765. El rey Carlos III no sólo autorizó la construcción de este edificio sino que ordenó que se realizara a sus expensas. Agradecida la villa, esculpió en piedra


LOS ESCUDOS NOBILIARIOS DE ONTINYENT
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