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LOS ESCUDOS NOBILIARIOS DE ONTINYENT

encargados de velar por su pureza, se mercantiliza y así los artistas que realizan los escudos dejan de pintar un solo cuartel; la tendencia es representar cuantos más mejor, con muchos linajes y alianzas. Esta circunstancia lleva a la existencia de muchas corrientes contrapuestas en la composición de los escudos; mientras algunos se olvidan de todas las reglas heráldicas, otros buscan el tecnicismo y muchas veces incurren en la cursilería. Posteriormente, el siglo XVII se convertirá en el gran siglo de la heráldica. El escudo ha dejado de cumplir la misión para la que fue creado y servirá solamente para identificar la historia de las alianzas de los linajes y todas las sangres que en ellos convergen. Hay que insistir en que se olvidan todas las reglas heráldicas y que se pasa del tecnicismo a la cursilería. También hay que resaltar los lambrequines o adornos exteriores, nacidos en época posterior, que no son más que un refuerzo de la vanidad y de la soberbia de sus propietarios. Cuantas más banderas, cascos, coronas ..., mejor. Afortunadamente, en la actualidad, en la heráldica se ha regresado a la pureza y seriedad que se consiguen suprimiendo todos los excesos, tanto dentro como fuera del escudo. Algunas personas exhiben los escudos de sus apellidos, pero la única forma de ostentar en España un escudo heráldico es demostrar, por partidas sacramentales de bautismo y casamiento o las de Registro Civil del nacimiento y matrimonio, que se es descendiente por línea directa de la persona a quien un rey le otorgó un escudo de armas, o poseer una certificación de Cronista Rey de Armas. Que nadie se deje convencer por “vendedores” de escudos heráldicos, que tanto se están prodigando, y que, con una publicidad engañosa, sorprenden la buena fe de mucha gente, ofreciéndoles bonitos diseños de escudos que normalmente no les corresponden. Actualmente el escudo de España, que es el principal de todos los de la nación, está adaptado oficialmente en su forma actual por la Ley 33/1981 de 5 de octubre de 1981 y en él se resume parte de nuestra historia con unos símbolos heráldicos que son de origen medieval y de uso real. Es acuartelado, con cuatro cuarteles, el primero de Castilla, el segundo de León, el tercero de Aragón y el cuarto de Navarra y en punta lleva una granada representativa del reino de Granada. Ontinyent ha sido siempre Villa Real y muchos nobles establecieron aquí su residencia, definitiva o esporádica, por eso en sus casas solariegas o fincas aún encontramos, pese a los múltiples despojos producidos por derribos y fraudulentas sustracciones, escudos que decoraron sus mansiones. También el pueblo llano para conmemorar algún acontecimiento especial los colocó en edificios públicos e iglesias. Teodor Llorente en su obra Valencia, sus monumentos y sus artes. Su naturaleza y su historia, al hablar de Ontinyent decía: “tuvo siempre y aún conserva algo señorial. Es frecuente ver escudos nobiliarios esculpidos en las mejores casas, y de tal modo logró en esta comarca fama de población aristocrática, que los de Albaida, gente más llana, motejan a los de Onteniente, llamándoles “els usietes”. Familias distinguidas de Valencia proceden de esta casi ciudad y algunas tienen todavía casas y grandes propiedades”. Mi intención ahora es perpetuar las imágenes que, con el paso del tiempo, he podido captar y, tras múltiples investigaciones, mostrar estas imágenes y su pequeña historia, porque la historia se debe estudiar, se debe aprender para que sirva de lección y con ello salvaguardar todo el caudal de cultura heráldica que se ha acumulado en Ontinyent a lo largo de los siglos, que, inexorablemente, las nuevas costumbres hacen que se pierdan; prueba de ello es que varios de los escudos que aquí se exponen ya han desaparecido, víctimas del abandono y de la rapiña.


LOS ESCUDOS NOBILIARIOS DE ONTINYENT
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