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IMÁGENES DEVOCIONALES DE ONTINYENT

Los primeros testimonios del culto a los santos se refieren a la costumbre de celebrar “dies natalis” de los mártires, es decir, el aniversario de su martirio, mediante una memoria especial. El primero de ellos, de esa costumbre, que nace en Oriente a finales del siglo II y se extiende por Occidente desde el siglo III, se refiere al mártir san Policarpo (+ 165) honrado por sus discípulos poco después de su muerte. En Roma se desarrolló mucho este culto durante la época de sus grandes persecuciones (220-230). La primitiva celebración martirial estuvo muy ligada a la Eucaristía, la cual se celebraba cerca de su tumba (si bien incluía un banquete – refrigerio – y una oración), pues las reliquias de los mártires tenían un valor inapreciable para los cristianos. A la memoria de los mártires se añadió después la de algunos santos. Primero fueron los confesores, esto es, ascetas del desierto y obispos santos, a quienes se consideraban como mártires. Después se añadieron las vírgenes, pues su lucha por guardar la castidad perfecta era equiparable al martirio. Se unieron también los fundadores misioneros y simples hombres y mujeres que fueron fieles testigos de Jesucristo con su vida. Los nombres de los santos se conservaron, en principio, en unas listas que se llamaron “Depositiones martyrum”. (La más antigua es del año 354). El culto de los santos se propagó durante los siglos IV – VIII, gracias a la repartición y fraccionamiento de las reliquias. Este es el momento en el que aparecieron no pocas leyendas cuyo objetivo consistía en realzar la personalidad de los mártires, de los que no se sabía casi nada en el siglo IV. Durante los siglos VIII – X se incorporan pocos santos, aunque es el momento en el que florecen los martirologios históricos, es decir, los relatos de las celebraciones de los mártires, santos, dedicaciones ...Con el triunfo de la reforma Gregoriana, a finales del siglo XI, una nueva oleada de santos entran en el calendario de la Iglesia Romana. Entre los siglos XII – XIII se incorporan santos ilustres: Domingo de Guzmán, Francisco de Asís, Antonio de Padua... Los que estudiaban el desarrollo de las artes y plasmaban las iconografías de los santos, buscaban en las leyendas la escena culminante que, junto con aquellos atributos y la indumentaria que más personifican a cada una de ellas, servían para individualizar la imagen de un santo y sintetizarlo en un símbolo, concretándolo a un atributo personal. Para determinarlas echaban mano a instrumentos de martirio, alguno de los cuales pudieran haber tenido relación con su muerte o con los utensilios más impensados y curiosos. A partir del Renacimiento hasta hoy han existido artistas vanguardistas consagrados que, entregados a la influencia de los conductos sociales del arte, en sus trabajos han encontrado otros atributos nuevos, renunciando a los que podríamos considerar como clásicos para conocer las imágenes, y en este mundo tan cambiante, no sería extraño que ahora algún artista de los que se autodenominan progresistas, para señalar un ejemplo, nos presentara el martirio de san Esteban vestido con pantalón, corbata y chaqueta. Pretende el autor, a parte de aportar abundante información gráfica, pues el empleo de los medios visuales es hoy imprescindible en la comunicación, buscar y también forjar la sensibilidad del lector junto con el aporte de datos, anteponiendo fechas, nombres y sucesos, para con ello procurar mantener la pervivencia y valoración del patrimonio


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