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IMÁGENES DEVOCIONALES DE ONTINYENT

51 Cerámica que preside un jardín privado de Ontinyent, con la imagen de La Divina Pastora, copia del cuadro original de Bernardo Lorente Germán, existente en el Museo del Prado. El hecho de que aparezca la Virgen acariciando unos corderos que hay a su alrededor hace de ella una bella escena pastoril. Es una entre la muchas advocaciones marianas que la ciudad de Sevilla venera a la Inmaculada Virgen María, figura que tiene por título “Divina Pastora de Almas.” El origen de esta advocación la debemos al Capuchino Fray Isidoro de Sevilla, quien, en vísperas del 24 de junio de 1703, en el claustro bajo de su convento, contempló a la Madre de Dios “bajo la sombra de un árbol, sentada en una piedra y junto a la diestra el báculo de su poderío. En la mano izquierda rosas y la mano derecha sobre un cordero que acoge a su regazo. Algunas ovejas la rodean, y todas en su boca llevan rosas, simbólicas del Ave María. En la lontananza una oveja descarriada era perseguida por un lobo, pero pronunciando el Ave María, apareció san Miguel que hunde en la testuz del lobo maldito.” Fray Isidoro de Sevilla encargó un cuadro y se puso a predicar la devoción al pastoreado de María. Fruto de su prédica fue el nacimiento de una Hermandad que adoptó esta advocación, a la que le siguieron otras.


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