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IMÁGENES DEVOCIONALES DE ONTINYENT

PRÓLOGO «Una ciudad es un libro que se lee con los pies» escribió Mario Benedetti. Ciertamente las ciudades son un libro abierto, que nos cuentan una historia que hay que saber leer. Una historia de amor. Porque por encima de las vicisitudes de los tiempos y de los vaivenes de la Historia, así, escrita con mayúsculas, las ciudades, todas, nos hablan de las emociones y los sentimientos de aquellos que nos precedieron en el tiempo y a los que estamos unidos inexorablemente por una deuda impagable y por el amor a la tierra que nos vio nacer. El tristemente desaparecido Jaime Gil de Biedma en un imponente y sentido poema “Pandémica y Celeste” decía que «los misterios del amor son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen». También el orgullo de sentirse ontinyentí y el amor por nuestra tierra son un misterio del alma, pero es la ciudad, sus paisajes y sus ambientes el libro en que se ha escrito todo ese amor. Y ese libro, como decía Benedetti, hay que leerlo con los pies, porque para empaparse de la tierra es necesario pasearla, sin prisas, con el sosiego que permite reposar la mirada sobre detalles que en la furiosa cotidianeidad de nuestras vidas se nos escapan. “Imágenes devocionales de Ontinyent” ofrece al lector la posibilidad de hacer un alto en el camino y deleitarse en la contemplación de todos esos detalles que a menudo pasan desapercibidos y que, sin embargo, son parte esencial del imaginario colectivo en el que se ha forjado nuestra forma de ser. Con paciencia, esfuerzo y tenacidad dignos de encomio, J. Rafael Bernabeu ha hecho por nosotros el trabajo de patear, en el mejor sentido de la palabra, Ontinyent y sus alrededores para redescubrirnos aspectos de ese maravilloso libro en el que están escritas nuestras vidas que es Ontinyent. En el libro que ahora el lector tiene en sus manos J. Rafael Bernabeu nos invita a mirar y admirar Ontinyent con nuevos ojos. Lamentablemente nos pasamos la vida viendo, pero pocas veces miramos: la mirada implica intención, búsqueda, selección... “Imágenes devocionales de Ontinyent” es una mirada apasionada a toda la iconografía que recoge nuestro sentir religioso. Si ya es de agradecer el esfuerzo y la dedicación que suponen algunas de sus obras anteriores, como la dedicada a los escudos nobiliarios, en este caso concreto de la devoción, la tarea de J. Rafael Bernabeu resulta aún más meritoria, porque con valentía reivindica el sentimiento religioso de los hijos de Ontinyent como uno de los pilares que conforman nuestra idiosincrasia. Vivimos tiempos en lo que socapa de un multiculturalismo mal entendido se nos quiere hacer creer que la tolerancia hacia los demás pasa necesariamente por la renuncia a nuestros valores. En más de una ocasión he oído decir que los sentimientos religiosos pertenecen al ámbito de lo íntimo e individual y en consecuencia sus manifestaciones públicas carecen de sentido. Nada más falso: el hecho religioso es fundamentalmente un hecho social. Si bien las creencias de cada cual pertenecen a la esfera individual, sus manifestaciones necesariamente han de ser sociales. Por eso todas las religiones que en el mundo han sido han llevado aparejadas manifestaciones artísticas. Por eso las religiones, más allá de su transcendentalidad, son también una manifestación cultural.


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