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IMÁGENES DEVOCIONALES DE ONTINYENT

128 La fachada del templo terminaba en una espadaña, pero se quiso dotar a la iglesia de un campanario de estilo neobarroco, cuyas obras costaron 21.659 reales. Fue bendecida e inaugurada a las nueve treinta del 10 de febrero de 1878. El reloj fue costeado por P. Pareja, ayudado por su albacea testamentario José Simó Tortosa. Retablo con la Imagen de san Carlos Borromeo colocada en la casa señorial La Clariana (Partida de La Solana) en recuerdo de un familiar de los antiguos propietarios, llamado Carlos Mengual Sendra. San Carlos Borromeo era descendiente de una familia muy rica. Su padre fue el conde Gilberto de Borromeo y su madre, llamada Margarita, pertenecía a la noble familia de los Médicis. Nació en el castillo de Arona, cerca del lago Maggiore (Italia) el 2 de octubre de 1538. A los doce años recibió la tonsura de su tío Julio César Borromeo. Un hermano menor de su madre llegó a ceñir la tiara pontificia con el nombre de Pio IV. San Carlos era el segundo varón de una familia de seis hijos. Su hermano mayor, a quien le correspondía por ley la herencia, murió repentinamente en un accidente de caballo. Él consideró la muerte de su hermano como un aviso del cielo. Una vez muerto el Papa Pablo IV, en el cónclave de 1559 su tío el Cardenal Médicis fue elegido Papa con el nombre de Pio V. A principios de 1560 el nuevo Papa hizo Cardenal Diácono a su sobrino Carlos. Fue investido de muchos cargos honoríficos como legado de Bolonia, de la Romaña, de la Maca Ancona, protector de Portugal, de los Países Bajos, de los Cantones católicos de Suiza, además de las órdenes de san Francisco, del Carmelo, de los Caballeros de Malta y otras más. Todos esos honores recaían en un joven que no había cumplido aún los veintitrés años. San Carlos es una de las figuras más importantes de la Contrarreforma. Pio IV había anunciado poco después de su elección que tenía intención de volver a reunir el Concilio de Trento, suspendido en 1552. San Carlos empleó toda su influencia para que el Pontificado llevase a cabo este proyecto. Los esfuerzos del cardenal dieron sus frutos y el Concilio volvió a reunirse en enero de 1562. Puede decirse que fue el director intelectual, espiritual y rector de la tercera y última sesión del Concilio de Trento. Siendo riquísimo vivía privado de lujos. Tuvo el mérito de despegarse de la vanidad del momento y de los placeres terrenos, pues por aquel entonces la costumbre renacentista obligaba a los cardenales a tener un palacio magnífico y una servidumbre numerosa. Cuando san Carlos se estableció en Milán, vendió la vajilla de plata y otros objetos preciosos en 30.000 coronas, suma que consagró totalmente a socorrer a las familias necesitadas.


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