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IMÁGENES DEVOCIONALES DE ONTINYENT

111 Abrazo de Jesús a san Francisco de Asís, imaginación artística de Murillo plasmada en azulejos que embellece un rincón que forma la calle Trinidad a la altura del nº 27 (Barrio de la Vila). Se observa en la mano de Francisco las señales de las estigmatizaciones dejadas en su cuerpo. Los estigmas son la manifestación de la identificación de Francisco con los sufrimientos de Jesucristo. Es muy difícil plasmar en unas líneas la gran trayectoria de este extraordinario santo, patrono de Italia. Francisco nació en Asis, en 1182, hijo de Pedro Bernardone, un rico comerciante de paños; después de llevar una vida fácil y aventurera, participó en el primer periodo de las largas guerras contra Perugia, donde cayó prisionero. En la expedición a Puglie, con el ejercito que luchaba por el Papa, se enroló como caballero y, desde Espoleto, después de un sueño misterioso que le invitaba a seguir al amo en lugar del siervo Gualtieri de Brienne, volvió a Asís, donde en la iglesia de san Damián, en 1206 sintió por tres veces la llamada del crucifijo “de ir a reparar su Iglesia que estaba arruinándose por completo.” Renunció a sus bienes paternos a los veinticinco años, y se consagró a Dios en presencia del pueblo y del Obispo, quien lo recibió desnudo bajo su manto, después de haber entregado sus vestidos a su padre. Su característica fue la pobreza, la alegría, “su hermana”, como él la llamaba, y su lema “Paz y bien.” Fundó la Orden de los frailes menores de Asís. Inocencio III dio la aprobación oral a la primera Regla. Murió en la noche del 3 de octubre de 1226 a los cuarenta y cuatro años. Su fiesta se celebra el 4 de octubre.


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