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MIS ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS EN 2010

AÑO 1942 LAS FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS LOCLAR nº 287, 19 NOVIEMBRE 2010 En abril de 1939, terminada la Guerra Civil con la victoria de Franco, pareció que el duelo entre las dos Españas se acababa para siempre por el triunfo de una sobre otra: era la victoria de la España tradicional y católica. En cuanto se venció con las armas, se procuró vencer con las ideas, se exaltaron los valores de nuestro siglo de oro y el pensamiento de nuestra filosofía de la Edad Media, en la que dominaban las enseñanzas del cristianismo. Todos lo veían así, incluso el Papa Pío XII, que en su telegrama de felicitación a Franco por el final de la guerra, le felicitaba por la “deseada victoria de la católica España”. Vayan estos datos como punto de referencia a cuanto se va a exponer. Bien avanzado el mes de Agosto de 1942, al no producirse ningún movimiento de los festeros para reemprender las fiestas de Moros y Cristianos, la Alcaldía de Ontinyent, un tanto alarmada por este silencio de los festeros, tal vez mirando sin malicia aquella historia, debió de sentir un vergonzoso vacío al no tener interés los festeros en celebrarlas. Por este motivo, lanzó a la calle, con fecha 18 de Agosto, un folleto firmado por el Alcalde Accidental Gonzalo Gironés, invitando a la ciudadanía a reemprender las tradicionales fiestas de Moros y Cristianos, en honor del Santísimo Cristo de la Agonía. Cabe recordar que el año 1941 los festeros boicotearon las fiestas, como consecuencia de un enfrentamiento moral, característico de las costumbres inseparables de los siglos XVI y XVII cuando la Inquisición se encargaba de corregir cualquier movimiento que no guardara las más puras tradiciones cristianas. Esta represión despótica fue derivada de las cuantiosas y elevadas multas impuestas por el Alcalde Luis Mompó Delgado de Molina a los festeros y público asistente por el simple motivo de celebrar los festeros, espontáneos bailes y verbenas en la población. Es bien sabido que el Alcalde tenía prohibido el baile y las verbenas, como norma de las más estrictas tradiciones cristianas. Por eso, al verse sorprendido por la espontánea y general desobediencia de los festeros durante las fiestas en 1940, buscó el apoyo del Gobernador Civil de Valencia, en aquel momento Manuel Planas de Tovar, y éste impuso multas gubernativas a todos los infractores. En aquellos momentos de escasez y penuria, las multas resultaron astronómicas. En el año 1941, los festeros, para mantener su dignidad ante el alcalde por las denuncias impuestas el año anterior, tomaron la valiente decisión de no celebrar las fiestas; pero las autoridades locales, que ya las habían programado y publicado, al verse en el vacío espantoso de la negativa de los festeros, decidieron recurrir a la autoridad del Gobernador Civil y éste decretó la suspensión de las fiestas, ya programadas y previamente autorizadas por él mismo. Igualmente destituyó a todos los cargos de la Junta de Fiestas, porque, según las leyes de aquél momento, él tenía potestad para ello. Con esta tramposa maniobra, que pisoteaba la voluntad de toda la población, las autoridades locales quisieron dejar constancia de que la suspensión de las fiestas era debida a órdenes gubernativas y no como consecuencia de la negativa de los festeros a celebrarlas. Con ese evidente abuso de poder, pretendían las autoridades locales del momento mantener incólume su dignidad y prestigio. De esta forma, esconder para la historia su absolutista forma de proceder y no verse afectada su autoridad, por el plante de los festeros, en la celebración de las fiestas de 1941.


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