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ONTINYENT ARTE E IGLESIAS

Introducción Para comprender lo que es el arte habría que preguntarse en primer lugar y especialmente lo que, en esencia, caracteriza al hombre y lo distingue del animal, lo que lo diferencia - o en muchos casos debería diferenciarlo - de él por su dignidad, por su nobleza no instintiva y por su deseo de conocer y juzgar el motivo de sus actos, la razón por la cual existen las cosas y se producen los hechos que lo rodean: superar, en fin, los instintos, los apetitos, los impulsos y los deseos que, aún teniéndolos, constituyen la simple "animalidad" de los otros seres que forman la cadena de la existencia. Aunque también podríamos preguntarnos si el esfuerzo de conocer, de saber sirve para algo. ¿Tal vez solamente como sabiduría o intuición de lo que ha sido nuestra historia, el pasado que nos ha conducido a lo que ahora somos y lo que podrá existir en el futuro, el nuestro y el de aquellos que nos sucedan? La respuesta estaría en el ir más allá de ello en base a ese conocimiento, en el saber lo que queremos y, tras ello, elegir. Pero esa elección implica juzgar lo que es bueno y lo que es malo, lo que es hermoso, bello, y lo que es malo, feo. Lo cual, sin duda, conduce a la realización de ese a veces trabajoso esfuerzo de alcanzar el conocimiento lúcido, el sentido de la calidad, además del deseo de mejorarnos a nosotros mismos y a quienes, en su caso, constituyen la sociedad que nos rodea. Con todo ello nos encontramos a la vez, para conseguirlo, con el arte y la moral, con la ética y la estética. Aunque de lo que se trata, aquí y ahora, es de la "creación", que sería el arte, sin olvidar la "acción", que sería la moral con la que nos comportamos. Una doble vertiente, conocimiento y calidad, a la que responde la historia del arte en general, una historia a través de la cual podemos saber lo que como ser viviente hemos sido a través de los siglos reflejado en el testimonio vivo de sus obras, sondeando en ellas nuestra sensibilidad y nuestro espíritu, en el pasado y en el presente. Asumida esa necesidad del arte, admitido ese necesario conocimiento de su diversa manifestación con que el hombre lo ha tratado, ciñéndolo a sus creencias


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