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ONTINYENT ARTE E IGLESIAS

74 Fotografía tomada del Altar Mayor de la iglesia de San Miguel, antes de su destrucción durante la Guerra Civil. Fue parroquia hasta 1851, año en que pasó a serlo San Carlos. En la misma se puede apreciar su estilo barroco, con su dos columnas que se retuercen en esfuerzo salomónicos para soportar los frontones; el retablo con la imagen del santo titular y adornos exuberantes, formas curvas, sensación de masas y profusión de motivos ornamentales. El arte sacro católico, tras la Contrarreforma, buscó de una manera especial el lujo desmedido, el esplendor del culto, dignificando más los espacios sagrados mediante mayor riqueza en formas y colores. El fervor católico de la contrarreforma lleva consigo el deseo de que la gloria celestial se vierta con esplendor en los recintos sagrados. Una persona anónima dio en 1670 mil reales para la construcción de este Retablo, así como otros donantes, que también intervinieron en su coste. El 19 de abril de 1676, quedó finalizado el trabajo del Retablo y el “Consell” de la Vila acordó pagar las cien libras que faltaban. La condesa de Carlet donó reliquias y varias imágenes de santos. En 1740, el vicario Mossen Juan Insa pidió las limosnas que se hacían en los hornos de pan cocer para dorar el retablo, y el Ayuntamiento se lo concedió. En 1743, acordó el Cabildo dar el trabajo a Thomás Belando por la suma propuesta de 950 sueldos. El 22 de septiembre de de 1742, terminado el dorado, el Ayuntamiento asistió a una fiesta de celebración.


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