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ONTINYENT ARTE E IGLESIAS

principalmente religiosas, a sus necesidades tanto espirituales como materiales, y sin caer en la tentación de confundir esa historia del arte con la de la humanidad en general (hechos históricos de toda índole, desde lo político al suceso más cotidiano) podríamos llegar a la conclusión de que las manifestaciones físicas del arte en cualquier lugar o ciudad - en este caso en Ontinyent - pueden caracterizar, entre otros factores, lo que se denominan señas de identidad de un pueblo o nación, señas formadas - aunque a veces a partir o contagiadas por un mito - a lo largo de las distintas etapas de su historia. Un patrimonio artístico común que a menudo es difícil poner de manifiesto para su contemplación porque, en muchos casos, ya no existe más que en el recuerdo, plasmado en una pintura o en una fotografía, víctima como ha sido de la acción destructora, a menudo confusa, irracional e insensible de los mismos hombres que, ellos o sus antepasados, las realizaron. Por el camino, pues, de esas premisas discurre este estudio titulado Ontinyent: Arte e iglesias en el que he pretendido exponer la forma en que se ha ido desarrollando la historia de los hombres que han habitado estas tierras desde remotos tiempos configurando nuestra sociedad, entre otras actividades, a través del arte que fue y ya no es y del que, por suerte, todavía existe. Porque nuestra identidad se fundamenta más de lo que imaginamos en la pervivencia de aquellas obras que llevaron a cabo nuestros antepasados, a menudo ya solamente vivas en el recuerdo de un texto o de un documento gráfico, aniquiladas por la especulación, por el expolio y por la ignorancia. Nuestro trabajo ha consistido, pues, en el intento de recopilar lo que histórica o contemporáneamente ha caracterizado más o menos artísticamente nuestra ciudad. Y así y para ello el "Museu Arqueològic d’Ontinyent i la Vall d'Albaida" (MAOVA) nos ha facilitado información y fotografías del periodo comprendido entre el V al II siglo antes de J.C. sobre los pobladores del núcleo que hoy conocemos por Ontinyent y sus alrededores, concretamente en torno del río Clariano, donde, en cuatro asentamientos o abrigos naturales, dejaron constancia de su paso con varias expresiones esquemáticas rupestres, testimonio de su incipiente arte. Sobre ellas ha escrito Agustí Ribera, director del citado museo, desde 1989 hasta la fecha, varios estudios, habiéndolo hecho también otros autores sobre ese arte rupestre esparcido por diversos lugares de esta zona geográfica. Si el arte, aquí como en otros lugares, ha tenido en el pasado su principal manifestación en el hecho religioso, tanto a nivel privado como público, fruto de encargos y donaciones, dando prueba de ello las iglesias en su arquitectura y en las obras pictóricas, entre otras formas de arte, que guardan y que todavía quedan tras la destrucción y el robo cometidos por las hordas incontroladas, ignorantes y no tan ignorantes, en su más nefasta irracionalidad siempre, durante la efímera II República española y el inicio de la consiguiente Guerra Civil de los años treinta del pasado siglo, trata también de ello y lo muestra este libro, que también incorpora las nuevas realizaciones, tanto religiosas como civiles, no demasiadas, desde entonces hasta ahora. Con la esperanza de que en el futuro hayan desaparecido los conflictos y las alienaciones a los que ha estado sometido el hombre de hoy y la función del arte no esté sometida ni a la magia ni a ningún tipo de educación discriminadora socialmente, sino que sea una actividad normal y creadora libre de prejuicios y convencionalismos, ofrezco al lector las páginas que siguen. PREHISTORIA


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