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ONTINYENT. ACERVO CULTURAL DESAPARECIDO

Tortosa Calabuig, notable pintor que floreció en Madrid de 1850 á 1865 y vino á morir á su patria chica. Ya en 1914, en una de las tertulias literarias celebradas en casa del cronista provincial señor Martínez Aloy, dio á conocer el señor Tortosa parte de las preciosidades que posee; entre otras, un tríptico de marfil de gran tamaño; dos primorosas placas esmaltada; una sacra de plata repujada, que llamó poderosamente la atención en la Exposición Eucarística y ha siso reproducida por modernos orfebres; grabados de Alberto Durero; un Vígnola con autógrafos y dibujos de José Churriguera; una baraja fabricada en Valencia en 1640; pinturas sobre mármol; armas antiguas;, entre las que descuella una espada romana;, una llave del siglo XVIII sobredorada, muy artística; ropas, cortinajes, blondas y tejidos del siglo XVIII; cerámica primitiva y romana, etc., etc. Mas, no satisfechos nosotros con esta parcial noticia y contando con la amabilidad del arqueólogo quisimos visitar el museo en Onteniente, tomando al propio tiempo que lijeras notas algunas fotografías para los lectores de esta Geografía. En amplios salones de la plata baja y piso principal, antesala y escalera, vimos expuestos más de 200 cuadros, retablos del siglo XV, tablas y lienzos, así como antiguos grabados, siendo éstos, como muchas pinturas, de indiscutible mérito artístico. Hay siete bargueños con chapas de marfil y de concha, y embutidos de madera; muebles y objetos antiguos; relieves en marfil, nácar, pasta y mármol, y platas repujadas (en vitrinas); dos tablas-puertas, pintadas por ambos lados, representando á san Francisco de Asís y san Vicente Ferrer la una, y á san Juan en el desierto y san Luis de Francia en la otra (figuras representadas á tamaño natural con pequeña reducción); tabla de San Bernardino de Sena, pintada en fondo de oro, gótica y que don Elías Tormo cree es de Jacomart; el citado tríptico marfileño, del que ofrecemos un grabado; un relieve de barro policromado, guardado en armario dorado; un óleo de la Magdalena, divinamente encarnado con gran valentía de color y cuya firma se ignora; tablas del Padre Borrás; un Niño Jesús de Esteve (pequeña escultura vestida); colección de numismática romana (monedas de cobre y plata) y otras medalla de la Edad Media, árabes y cristianas; grabados del siglo XVI; algunos bronces (fíbulas romanas) y barros (candilejas de la misma época latina) una muela antigua, de piedra negra; un ídolo íbero; algunos incunables en la nutrida biblioteca, y una infinidad de objetos de arte cuya mera enumeración llenaría varias páginas. En el oratorio vimos una buena tabla gótica de la Virgen; una pila, también gótica, sobre columna de piedra; una silleta plegable de san Luis Beltrán; relicarios; sacra de plata con marco gótico de madera sobredorada etc., etc.”. Cuidar y conocer las raíces de nuestro patrimonio histórico-artístico es, sin lugar a dudas, una labor admirable. Todos los esfuerzos que se hagan para conservarlo y enriquecerlo merecen los mejores elogios y alabanzas. Los numerosos y grandes disparates cometidos por intereses particulares, la ignorancia, así como la indiferencia, han marcado un rumbo de despojos que, ahora, desgraciadamente lamentamos. Los que tenemos una perspectiva de edad avanzada recordamos, en imágenes ya un tanto diluidas por el paso del tiempo, aquello que se ha perdido y que ahora quisiéramos mantener para poderlo disfrutar. Sólo nos queda vivir en la nostalgia, casi desvanecida como un vago recuerdo perdido en la lejanía del tiempo, o, gracias a la fotografía, disfrutar de esos instantes fugaces captados en una fracción de segundo que quedan retenidos en esas estampas fotográficas, que pasado el momento, nos emocionan, y nos hacen retroceder hasta situarnos en el momento de su captación.


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